Los 8 Principes

Los 8 Principes por Napoleon Hill

 

Puede usted llamarlos con otro nombre, si lo prefiere.  Mentores, quizá.  O príncipes.  O consejeros.  O guardianes del buen espíritu.

Con cualquier nombre,  los que yo llamo príncipes me sirven mediante una técnica que es simple y adaptable.

Todas las noches, como último capítulo de las actividades del día, ellos y yo celebramos una mesa redonda.  El propósito principal es manifestarles y reforzar así mi gratitud por los servicios que me han prestado durante el día.

La conferencia se desarrolla exactamente como si los príncipes fueran de carne y hueso.  Es un tiempo de meditación, revisión y acción de gracias, y establezco contacto con ellos mediante el poder del pensamiento.

Este puede ser precisamente su primer examen para averiguar su capacidad de “acondicionar” su mente a la aceptación de la riqueza.  Cuando llega el embate, recuerde lo que les sucedió a Morse, Marconi, Edison y los hermanos Wright cuando anunciaron por primera vez sus hallazgos de nuevos y mejores modos de prestar servicio.  Esto le ayudará a sobreponerse al choque.

Y ahora celebremos una sesión con los príncipes:

 

¡GRATITUD!

 

Hoy ha sido un día hermoso.

Un día gozado con salud de cuerpo y de mente.

Con la comida y vestido necesarios.

Que me ha deparado la oportunidad de otro día para ser útil al prójimo.

Con paz en la mente y libre de todos los temores.

Por estas bendiciones os estoy agradecido, mis príncipes-guía.  Estoy agradecido a todos vosotros colectivamente por haber limpiado la manchada piel de mi vida pasada, y librado así mi mente, mi cuerpo y mi alma de todas las causas y efectos de miedo y del afán.

Príncipe de la prosperidad material, te expreso mi gratitud por haber mantenido mi mente sintonizada con la conciencia de la opulencia y de la plenitud, y libre del miedo a la pobreza y la necesidad.

Príncipe de la buena salud, te brindo mi reconocimiento por haber sintonizado mi mente con la conciencia de buena salud, y así cada célula de mi cuerpo y cada órgano corporal está adecuadamente provisto de una afluencia de energía cósmica suficiente para sus necesidades, emanada del contacto directo con la Inteligencia Infinita, suficiente para  la distribución y aplicación de esta energía donde se la requiere.

Príncipe de la paz mental, te estoy agradecido por haber conservado mi mente libre de todas las inhibiciones y limitaciones autoimpuestas, procurándole tanto a ella como a mi cuerpo un descanso completo.

Príncipe de la esperanza, te doy gracias por el cumplimiento de los deseos de hoy y por tu promesa de realizar los propósitos de mañana.

Príncipe de la fe, recibe mi gratitud por haber sido mi guía; por haberme inspirado a efectuar lo que ha sido útil para mí y por haberme disuadido de hacer lo que, de haberlo hecho, me habría resultado perjudicial.  Has dado poder a mis pensamientos, ímpetu o mis acciones, la sabiduría precisa para comprender las leyes de la naturaleza, y el juicio necesario para adaptarme a ellas con espíritu de armonía.

Príncipe de amor,  te soy deudor por inducirme a compartir mis riquezas con todos aquellos con quienes he entrado en contacto hoy; por haberme mostrado que sólo lo que doy es lo que puedo retener como mío; por la conciencia de amor con que me has dotado, porque ella ha hecho bella la vida y agradables todas mis relaciones con los demás.

Príncipe del espíritu de aventuras románticas, te estoy agradecido por haberme insuflado el espíritu de la juventud, a pesar del paso de los años.

Príncipe de la cabal sabiduría,  mi eterna gratitud a ti por haber transmutado en una perdurable posesión de inapreciable valor todos mis pasados fracasos, derrotas, errores de juicio y de acción, todos los temores, equivocaciones, decepciones y adversidades de cualquier índole; la ventaja estriba en mi deseo y capacidad de inspirar a otros para que tomen posesión de sus propias mentes y usen el poder de su mente para la consecución de las riquezas de la vida, lo cual me completa con el privilegio de compartir todas mis bendiciones con aquellos que están dispuestos a recibirlas quienes, a su vez, enriquecen y multiplican mis propias bendiciones al convertirlas en beneficio de otros.

Mi gratitud también a ti por revelarme que ninguna experiencia humana necesita convertirse en una desventaja; que todas ellas pueden transmutarse en servicios útiles; que el poder del pensamiento es el único sobre el cual ejerzo un completo control y que puede convertirse en felicidad a voluntad, sin limitaciones, excepto las que yo haga nacer en mi propia mente.

 

Mi mayor ventaja consiste en la fortuna de haber reconocido la existencia de  los ocho príncipes, porque son ellos los que acondicionaron mi mente para recibir los beneficios de las “Doce riquezas”.

La costumbre de comunicarse diariamente con los príncipes es la que me asegura la perdurabilidad de estas riquezas, sean cuales fueren las circunstancias de la vida.

Ellos son el medio adecuado para mantener mi mente fija sobre las cosas que deseo y lejos de las que no deseo.

Vienen a ser como un fetiche, un amuleto de poder, con el cual extraigo libremente de los poderes del pensamiento “cada hora una perla, siendo cada perla una bendición”.

Representan para mí una continua inmunidad contra todas las formas de actitud mental negativa y de este modo destruyen, a la vez, la semilla del pensamiento negativo y la germinación de esa semilla en el suelo de mi mente, ayudándome a mantenerla fija sobre mi propósito más importante en la vida, y a dar la expresión más concreta a la consecución de ese propósito.

También me mantienen en paz conmigo mismo, en paz con el mundo y en armonía con mi propia conciencia, y me ayudan a cerrar las puertas de mi mente a todos los recuerdos desagradables de pasados fracasos y derrotas.  En una palabra, me ayudan a convertir todos mis pretéritos errores en prendas de incalculable valor.

Los príncipes me han revelado la existencia de ese “otro yo” que piensa, se mueve, planea, desea y actúa por el impulso de un poder que no reconoce la existencia de una realidad llamada imposibilidad.

Y me han demostrado, un sinfín de veces, que toda adversidad lleva consigo la semilla de un beneficio equivalente.  Así, cuando la adversidad se apresura sobre mí, como lo hace sobre cualquiera, no me dejo asustar por ella, sino que empiezo inmediatamente a buscar esa “semilla de un beneficio equivalente” y trato de que se convierta en una flor pletórica de oportunidad.

Los príncipes me han dado el dominio  sobre mi adversario más formidable:  yo mismo.  Me han mostrado lo que es bueno para mi cuerpo y para mi alma, y me han conducido con mano firme a la fuente y depósito de todo bien.

Me han enseñado que la felicidad no consiste en la posesión de cosas, sino en el privilegio de la autoexpresión mediante el uso de las cosas materiales.

Y me han enseñado también que es más loable prestar servicio útil que aceptar el de otros.

Observen que yo no pido nada a los príncipes, sino que dedico toda la ceremonia a una expresión de gratitud por las riquezas que ya me han otorgado.

Ellos saben mis necesidades y las satisfacen con superabundancia.

Los príncipes me han enseñado a pensar en lo que puedo dar y a olvidarme de lo que  deseo Obtener a cambio, así como el acceso a la manera impersonal de vivir; esa manera de vivir que le revela a uno los poderes interiores, y cómo pueden ser extraídos a voluntad para la solución de todos los problemas personales y la consecución de todas las cosas materiales necesarias.

Me han enseñado, igualmente, a estar callado y a escuchar desde dentro.

Me han dado la fe que me capacita para sobrepujar a mi razón y aceptar la guía interior con la absoluta confianza de que la pequeña y tranquila voz que habla desde lo más recóndito de mí, es superior a mis propios poderes de raciocinio.

Mi “Credo de la vida” fue inspirado por los príncipes.

Permítame compartirlo con usted para que así pueda adoptarlo como suyo.

 

Las 12 Riquezas De La Vida

Las 12 Riquezas De La Vida por Napoleon Hill

 

1. Una actitud mental positiva

Todas las riquezas, de cualquier naturaleza que sean, empiezan con un estado de ánimo; y recordemos que un estado de ánimo es la única cosa sobre la cual cualquier persona tiene el completo e indiscutible derecho de control.

Es altamente significativo que el Creador sólo dotó al hombre de control sobre sus propios pensamientos y el privilegio de adaptarlos a cualquier modelo de su elección.

La actitud mental es importante porque convierte el cerebro en el equivalente de un electroimán que atrae la contrapartida de los pensamientos, miras y propósitos dominantes, así como también la de los temores, preocupaciones y dudas.

Una actitud mental positiva (AMP) es el punto de partida de todas las riquezas, bien sean intangibles o de índole material.

Atrae los tesoros de la verdadera amistad y los que uno encuentra en la esperanza de futuros logros.

Proporciona las riquezas derivadas de la contemplación de la naturaleza, en las noches de claro de luna con las estrellas suspendidas en los cielos, de  los bellos paisajes y los horizontes distantes.

Y las riquezas que se producen en la labor elegida por la propia voluntad, mediante la que pueden alcanzar su más alta expresión las virtudes del alma.

Y las de armonía en las relaciones hogareñas, cuando todos los miembros de la familia trabajan juntos con espíritu de amigable cooperación.

Y otras muchas riquezas inestimables, como son:

La buena salud corporal, que es el tesoro de los que han sabido hallar un equilibrio entre el trabajo y el esparcimiento, la adoración y el amor, adquiriendo la sabiduría de comer para vivir, en lugar de vivir para comer.

La liberación del miedo.

El entusiasmo, tanto activo como pasivo.

La canción y la risa, índices de benéficos estados de ánimo.

La autodisciplina, que nos proporciona la alegría de saber que la mente puede y quiere servir cualquier fin deseado si uno resuelve tomar posesión y mando de ella con un propósito firme.

El juego, que nos libera de todas las cargas de la vida y por un momento nos hace sentir niños de nuevo.

La posibilidad de descubrir el “otro yo”: ese yo que no conoce la realidad del fracaso permanente.

La fe en la Inteligencia Infinita, de la cual cada mente individual es una diminuta proyección.

Y, finalmente, la meditación, ese eslabón de enlace para extraer beneficios a voluntad, del gran depósito universal de la Inteligencia Infinita.

Sí, estas y todas las demás riquezas empiezan con una actitud mental positiva.  Por tanto, no debe sorprender que tal estado de ánimo ocupe el primer puesto en la lista de las “Doce riquezas”.

 

 

 

2. Salud corporal robusta

La buena salud empieza con una “conciencia de salud” producida por una mente que piensa en términos de salud y no en los de enfermedad; más templanza de hábitos en el comer y actividades físicas adecuadamente equilibradas.

 

 

 

3. Armonía en las relaciones humanas

La armonía con otros empieza consigo mismo, porque es verdad, como dijo Shakespeare, que hay beneficios accesibles a quienes cumplen su consejo: “Sé fiel a tu propio yo, y de ello se seguirá, como la noche al día, que entonces no puedes ser falso para con ningún hombre”.


4. Liberación del miedo

Ningún hombre que tema algo es un hombre libre.  El miedo es un precursor del daño, y dondequiera que aparece existe una causa que se ha de eliminar antes de hacerse rico en el sentido amplio de la palabra.

Los siete temores básicos que aparecen con mayor frecuencia en las mentes de los hombres se refieren a:

La pobreza.

            Las críticas.

            La mala salud.

            La pérdida del amor.

            La pérdida de la libertad.

            La vejez.

            La muerte.

 

 

 

5. La esperanza del logro

 

La mayor de todas las formas de felicidad  es la que produce la esperanza del logro de algún deseo.  Es inmensamente pobre la persona que no puede mirar al futuro con la esperanza de que se convertirá en la persona que le gustaría ser, o con la creencia de que no alcanzará el objetivo que no consiguió alcanzar en el pasado.

 

 

 

6. La capacidad para la fe

Fe es el eslabón de enlace entre la mente consciente del hombre y el gran depósito universal de la Inteligencia Infinita.  Es el fértil suelo del jardín del intelecto, de donde brotan todas las riquezas de la vida.  El “elixir eterno” que da poder y acción creadores a los impulsos del pensamiento.  La base de los llamados milagros y de muchos misterios, que no pueden ser explicados mediante la lógica o la ciencia.  El “preparado químico” espiritual que cuando se mezcla con la plegaria, proporciona una conexión directa e inmediata con la Inteligencia Infinita.

Porque la fe es la facultad que transmite las energías ordinarias del pensamiento en sus equivalentes espirituales; la única con la cual capta el hombre la fuerza cósmica de la Inteligencia Infinita.

 

 

 


7. Complacencia en compartir las propias bendiciones

El que no ha aprendido el bendito arte de compartir no ha emprendido todavía el verdadero camino de la felicidad, porque ésta consiste principalmente en compartir.  Y recuérdese de una vez para siempre que cualquier riqueza es susceptible de ser multiplicada con el simple proceso de compartirla con quien la precise.  Sin olvidar que el lugar que uno ocupa en el corazón de sus semejantes está determinado precisamente por el servicio que les presta mediante alguna forma de distribución de sus bendiciones.

Las riquezas que no se comparten, sean materiales o no, se marchitan y mueren como la rosa en un tallo cortado, pues es una de las primeras leyes de la naturaleza que la inacción y el desuso conduzcan al debilitamiento y a la muerte, y esta ley se aplica lo mismo a las posesiones materiales de los hombres que a las células vivientes de cualquier organismo.

 

 

 

8. Un trabajo de amor

No existe hombre más rico que el que ha encontrado un trabajo de amor y lo desempeña afanosamente comprometido, porque el trabajo es la forma más deseada de la expresión humana del deseo, el vínculo entre la demanda y el abastecimiento de todas las necesidades humanas, el precursor de todo progreso humano, el medio por el que a la imaginación del hombre se le faciliten alas para la acción.  Y todo trabajo de amor queda santificado porque proporciona la gran alegría de la autoexpresión a quien lo realiza.

 

 

 

9. Una mente abierta a todos los temas

La tolerancia, uno de los más altos atributos de la cultura, únicamente la practica la persona que mantiene una mente abierta siempre a todos los temas.  Y sólo el hombre con una mente así es el que logra ser verdaderamente educado, preparándose así para conseguir las grandes riquezas de la vida.

 

 

 

10. Autodisciplina

El hombre que no es dueño de sí mismo nunca se convertirá en dueño de nada.  El que lo es puede convertirse en el amo de su propio destino terrenal, “dueño de su suerte, capitán de su alma”.  Y la forma más elevada de autodisciplina consiste en la expresión de humildad del corazón cuando uno ha alcanzado grandes riquezas o ha quedado envuelto por lo que comúnmente se llama “éxito”.


11. La capacidad de entender a la gente

El hombre rico en comprensión hacia su prójimo siempre reconoce que todos los hombres son fundamentalmente parecidos por haber surgido del mismo tallo; que todas las actividades humanas están inspiradas por uno o varios de los nueve motivos básicos vitales; cuatro emociones producidas por:

 

El amor.

El sexo.

La cólera.

El miedo.

 

Y cinco deseos fundamentales que son:

 

De ganancia material.

De autoconservación.

De libertad corporal y mental.

De autoexpresión.

De perpetuación de la vida después de la muerte.

 

Y el hombre que quiera comprender a los demás debe empezar primero por comprenderse a sí mismo.

La capacidad de entender a nuestros semejantes elimina muchas de las causas comunes de fricción entre los hombres.  Es el fundamento de toda amistad; la base de toda armonía y cooperación; el cimiento más sólido en toda jefatura que requiera una colaboración amistosa.  Y algunos piensan incluso que es una aproximación de gran importancia al entendimiento del Creador de todas las cosas.

 

 

 

12. Seguridad económica

La última, aunque no la de menor importancia, es la parte tangible de las “Doce riquezas”.

La seguridad económica no se alcanza sólo con la posesión de dinero.  Se alcanza con los servicios que uno presta; servicios útiles, en todas las formas de las necesidades humanas, con el uso del dinero o sin él.

Un hombre de negocios millonario tiene seguridad económica, no porque controle una vasta fortuna monetaria, sino por la primordial razón de que provee de empleo provechoso a hombres y mujeres, y con el trabajo de ellos, da mercancías o servicios de gran valor a gran número de personas.  El beneficio que presta le ha atraído el dinero que controla, y de este modo debe conseguirse toda seguridad económica duradera.

Ahora voy a comunicarle los principios con los cuales puede obtenerse el dinero y todas las demás formas de riqueza, pero primeramente ha de estar preparado para aplicar estos principios.  Condicione su mente para la aceptación de la riqueza, lo mismo que el suelo de la tierra debe estar preparado para recibir las semillas.

Cuando uno está preparado para una cosa, es seguro que ésta aparecerá.

Esto no significa que las que uno pueda precisar aparezcan sin motivo, porque hay una gran diferencia entre las necesidades de uno y la disposición de uno a recibir.  Olvidar esta distinción es confundir los importantes beneficios que trato de transmitir.

Así, pues, sea paciente y déjeme que lo guíe a la disposición a recibir la riqueza que desea.  Para ello seguiré mi camino.

Este al principio le parecerá extraño, pero no se desaliente por esto, pues todas las ideas nuevas semejan extravagantes. Si duda de que mi camino es práctico, anímese con la certidumbre de que él me ha proporcionado riquezas en abundancia.

El progreso humano siempre ha sido lento porque las personas se han mostrado reacias a aceptar nuevas ideas.

Cuando Samuel Morse anunció su sistema de comunicación por telégrafo, el mundo se burló de él.  Su método era heterodoxo.  Era nuevo; por consiguiente, estaba sujeto a la sospecha y a la duda.

Y el mundo se burló también de Marconi cuando consiguió la perfección de una mejora sobre el sistema de comunicaciones inalámbrico de Morse.

Thomas A. Edison se puso asimismo en ridículo cuando anunció su perfeccionamiento de la bombilla eléctrica incandescente, y el primer fabricante de automóviles corrió la misma suerte cuando ofreció al mundo un vehículo autopropulsado que ocupa el lugar del caballo y de la diligencia.

Y cuando Wilbur y Orville Wright anunciaron el vuelo de una máquina voladora, el mundo se mostró tan poco impresionado, que los periodistas se negaron a presenciar una demostración de la máquina.

Luego llegó el descubrimiento de la radio, uno de los “milagros” del ingenio humano que estaba destinado a acercar el mundo entero.  Las mentes “no preparadas” lo aceptaron como un juguete para divertir a los niños, pero nada más.

Menciono estos hechos como un recordatorio para convencerle de que si persigue la riqueza por  un nuevo camino, no debe desalentarse ante la novedad de la ruta.  Sígala conmigo, comparta mi filosofía y tenga la seguridad de que le dará resultado, como me lo ha dado a mí.

Sirviéndole de guía hacia la riqueza, seré recompensado por mis esfuerzos en proporción exacta a los beneficios que usted reciba.  La ley eterna de la compensación lo asegura.  La mía puede que no venga directamente de usted, que asuma mi filosofía, pero vendrá de una u otra forma, porque es parte integrante del gran plan cósmico según el cual todo servicio útil que se preste recibe una compensación justa. “Haga lo que debe ser hecho y tendrá usted el poder”, decía Emerson.

Aparte de la consideración de lo que yo reciba por mi empeño en servirle, está la obligación que tengo contraída con el mundo por los beneficios que me ha otorgado.  No adquirí mis riquezas sin la ayuda de muchos otros.  He observado que todos los que adquirieron fortuna perdurable han subido por la escalera que conduce a la opulencia con las manos extendidas; una tendida hacia arriba para recibir la ayuda de los que habían llegado ya a la cúspide, y la otra tendida hacia abajo para ayudar a los que todavía suben.

Y permítame advertirle que al estar en el sendero de la riqueza, también debe avanzar con las manos extendidas para dar o recibir ayuda, porque es un hecho bien comprobado que ningún hombre alcanza éxito consistente o adquiere riquezas duraderas sin ayudar a otros que también buscan estos deseables fines.  Para conseguir es preciso antes otorgar.

Le he transmitido este mensaje con objeto de que pueda otorgar.

Y ahora que sabemos cuáles son las verdaderas riquezas de la vida, le revelaré cuál es el paso siguiente que debe dar en el proceso de acondicionar su mente para recibirlas.

Como ya he dicho, la riqueza me vino mediante la ayuda de otros muchos hombres.

Algunos de ellos son bien conocidos de todos aquellos que lean mi relato.  Fueron los que sirvieron de adelantados para preparar el camino, ese camino que  nosotros llamamos la forma norteamericana de vivir.  Otros, cuyos nombres no identificará, han sido desconocidos.

Entre éstos hay ocho amigos míos que son los que más han hecho en mi favor al preparar mi mente para la aceptación de las riquezas.  Los llama los “Ocho príncipes”.  Me sirven cuando estoy despierto y también cuando estoy dormido.

Aunque nunca he visto a esos príncipes cara a cara, como ha ocurrido con los demás que me han ayudado, han ejercido vigilancia sobre mis riquezas; me han protegido contra el miedo, la envidia, la rapacidad, la duda, la indecisión y la morosidad.  Me han inspirado para actuar por propia iniciativa, han mantenido activa mi imaginación y me han dado firmeza de propósito y fe para conseguir su cumplimiento.

Han sido los verdaderos “acondicionadores” de mi mente, los constructores de mi actitud mental positiva.

¿Puedo ahora recomendárselos para que le presten un servicio parecido?

Sus 2 Personalidades

Sus dos personalidades por Napoleon Hill

 

Antes de que describa las “Doce grandes riquezas”, permítame revelarle algunas de las riquezas que ya posee, y de las que quizá no se ha dado cuenta todavía.

En principio, quisiera que reconociese que no tiene una personalidad única.  En usted y en cualquier otra persona coexisten al menos dos personalidades distintas, y en muchos más de dos.

Existe ese “yo” que usted reconoce cuando se mira en un espejo.  Ese es su “yo” físico.  La casa en que viven las demás personalidades que usted indudablemente posee.  En esa casa hay por lo menos dos individuos que están eternamente en mutuo conflicto.

Uno es una especie de persona negativa que piensa, se mueve y vive en una atmósfera de duda y miedo, de pobreza y mala salud.  Este “yo” negativo espera el fracaso y raramente se ve decepcionado.  Se complace con las circunstancias tristes de la vida que usted quiere rechazar, pero que parece verse obligado a aceptar: pobreza, avidez, superstición, temor, duda tedio y enfermedad física.

Su “otro yo” es una especie de persona positiva que piensa en términos dinámicos y afirmativos sobre la riqueza, la buena salud, el amor y la amistad, el logro personal, la facultad creadora, el servicio a otros, guiándolo a usted indefectiblemente a la consecución de estos beneficios.  Sólo este “yo” es capaz de reconocer las “Doce grandes riquezas” y apropiárselas.  El único capacitado para recibir la “clave de la riqueza”.

Tiene usted muchos otros dones inapreciables de los cuales posiblemente nunca se haya dado cuenta; tesoros ocultos que no ha reconocido ni utilizado.  Entre éstos está lo que convenimos en llamar su “centro de vibración”, una especie de emisora de radio y aparato receptor de exquisita sensibilidad, sintonizado con su prójimo y con el universo que le rodea.  Este poderoso aparato proyecta sus pensamientos y sentimientos y recibe interminables enjambres de mensajes de gran importancia para su éxito en la vida.  Es un incansable sistema de comunicación en dos sentidos, de infinita capacidad, que opera automática y continuamente, lo mismo cuando duerme que cuando está despierto.  Y en todo momento está bajo el control de una u otra de sus personalidades más importantes: la negativa o la positiva.

Cuando está bajo el control de su personalidad negativa, sus receptores sensitivos recogen solamente los mensajes negativos de incontables personalidades negativas.  Como es natural, esto lleva a pensar: “Soy un fracaso y todo me sale mal”, y también “No puedo resolver mis problemas”; quizá no formulada con estas mismas palabras, pero desalentadora, aunque no sea mortalmente, en cuanto a la fe en sí mismo y en el uso de sus energías para lograr lo que desea.  Los mensajes negativos recibidos cuando su personalidad negativa está al mando de la estación receptora, si se aceptan y se utilizan como guía, llevan invariablemente a circunstancias de la vida completamente opuestas a las que se elegirían.

Pero cuando su personalidad positiva es la que está al mando, dirige a su “centro de acción” sólo mensajes estimulantes, optimistas, de alta energía, infiltrando en usted la seguridad de que “puede hacerlo” y convirtiendo esos mensajes en equivalentes físicos de prosperidad, buena salud, amor, esperanza, fe, paz de espíritu y felicidad, es decir, valores vitales que todas las personas anhelan y buscan.

Napoleon Hill

Conoce Tu Propia Mente, Vive Tu Propia Vida

Conoce Tu Propia Mente, Vive Tu Propia Vida por Napoleon Hill

 

Tienes un gran potencial para el exito, pero primero debes conocer tu propia mente y vivir tu propia vida, entonces encontraras y disfrutaras ese poderoso potencial.

Familiarizate con tu interior y puedes ganar lo que quieras dentro de un tiempo limite de tu propia eleccion.

Ciertas tecnicas especiales te ayudan a ganar las metas de tus sueños mas preciados, y cada una de estas tecnicas esta facilmente dentro de tu poder.

EN ALGUN LUGAR a lo largo de la senda de la vida, cada hombre exitoso descubre como vivir su propia vida como el desea vivirla.

Entre mas joven seas cuando descubras este poderoso poder, es mas probable que vivas de manera exitosa y feliz.

Aun incluso en años posteriores, muchos hacen el gran cambio, de permitir que otros hagan de ellos lo que son, a asegurarse de que ellos hagan sus vidas a su propio agrado.

El Creador le dio al hombre la prerrogativa de poder sobre su propia mente.

Debio haber sido el proposito del Creador alentar al hombre a vivir su propia vida, pensar sus propios pensamientos, encontrar sus propias metas y alcanzarlas.

Simplemente al ejercitar esta profunda prerrogativa puedes traer abundancia en tu vida, y con esto conocer la mayor riqueza de todas, paz mental, sin la cual no puede haber verdadera felicidad.

Vives en un mundo lleno de influencias externas que tropiezan sobre ti.

Eres influenciado por los actos y deseos de otras personas, por la ley y la costumbre, por tus deberes y tus responsabilidades. Todo lo que haces tiene algun efecto en otros.

Y aun asi debes encontrar como vivir tu propia vida. Usar tu propia mente, avanzar hacia el sueño que tu deseas hacer real y solido.

Conocete a ti mismo, dijeron los antiguos filosofos Griegos, y esto se mantiene como un consejo clave para el hombre que sea rico en todos los sentidos.

Sin conocerte a ti mismo y siendo tu mismo, no puedes realmente usar el Gran Secreto que te da poder para moldear tu futuro y hacer que la vida te lleve de la manera en que quieres ir.

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Renunciar

Renunciar por Napoleon Hill

 

“Antes de que el exito llegue en la vida de cualquier hombre, es seguro que este se enfrentara con muchas derrotas temporales, y tal vez, algun fracaso. Cuando la derrota se presenta, la cosa mas facil y logica por hacer es RENUNCIAR. Eso es lo que la mayoria de la gente hace.”

“Mas de 500 hombres de los mas exitosos que este pais ha producido, le dijeron al autor que su mayor exito llego un paso mas alla del punto en el cual la derrota los habia envuelto. El fracaso es un embustero con un agudo sentido de la ironia y muy astuto. Tiene gran placer en aparecer cuando el exito esta casi al alcance.”

Napoleon Hill

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